En noviembre las noches comienzan a ser más frías. Gracias a la calefacción con chimenea de leña (un fuego abierto que calienta los radiadores también) las cabañas están cálidas y calentitas. El fuego tiene una capacidad termal de 4000 kilojoules y la necesidad de las cabañas es sólo de 1200. Pero por otra parte, necesitarán madera, por supuesto.
En las 35 hectáreas a lo largo de las que se extiende Monte do Casarao nos encontramos encinas y robles de corcho en abundancia. Necesitamos una licencia para talarlos. Con todo, se protegen. Incluso necesitamos una licencia para podar las ramas muertas. Quizás parece excesivo, pero hay motivos para la precaución. Encinas y robles son símbolos de la comarca. ¡¡Los expertos locales cuentan que algunos de los árboles que han muerto tenían 250 años!!
Para obtener la licencia necesitamos marcar todos los árboles que queremos talar con una banda blanca. En nuestro caso, marcamos 39 encinas y 17 robles. Posteriormente se señalan en un mapa para que el Ministerio de Agricultura nos conceda la licencia de tala. Un representante del Ministerio puede venir a comprobar si los árboles marcados realmente están muertos (no nos sucedió). La licencia de tala fue concedida y el trabajo dio comienzo.
Dicen que un fuego abierto calienta el triple. Es lo muy cierto: primero se tala el árbol, se corta en trozos, después se recolecta y se hace la leña. De este modo se utiliza tan sólo madera.
El trabajo está hecho. Hay un montón de leña para que el invierno sea confortable. Los huéspedes saben cómo usarlo y lo utilizan mucho. Después de esto, no debemos olvidar que el destello de la madera quemándose en el fuego crea momentos mágicos y fascinantes. Todo para ti.

